Lorca DiCorcia público y privado

El fotógrafo estadounidense expone en Alcobendas

Alcobendas,   28/04/2014

Ganador del III Premio Internacional de Fotografía Alcobendas por el “gran ejercicio formal y el complejo estudio de la personalidad humana” que encontramos en su obra, Philip Lorca DiCorcia está considerado uno de los artistas norteamericanos que más ha contribuido a ampliar el campo artístico y lingüístico de la imagen fotográfica en las últimas décadas.

Él la utiliza como medio para construir realidades o narraciones que parecen complejas y extraordinarias pero se inspiran en otras muy sencillas y para dar lugar a relatos de los que el propio DiCorcia es narrador omnisciente a la par que testigo. A medio camino entre la documentación y el montaje teatral, sus trabajos combinan escenarios públicos y privados e incorporan como modelos tanto a absolutos desconocidos como a miembros de su familia y su círculo de amigos.

Como público, obligatoriamente somos espectadores y participantes: dudamos de si lo que vemos es o no real, pues el artista sólo deja entrever lo que se cuenta: relatos abiertos, miradas sobre la realidad que no reproducen detalles sino que se detienen más bien en tensiones internas y emociones, en obsesiones y experiencias.

En el Centro de Arte Alcobendas podremos ver, entre el 29 de abril y el 5 de julio, una veintena de obras incluidas en series fechadas entre 1987 y 2007. Tienen en común el proponer narraciones inexplicables que se desarrollan en lugares a la vez descritos y transformados, combinando lo superficial y lo profundo.

El norteamericano, que se formó en Boston y Yale, mezcla azar y planificación, naturalidad y escenografía y, desde los ochenta, ha revisado de forma profunda los fundamentos conceptuales de la fotografía.

Pese a nuestra distancia respecto a las imágenes, DiCorcia nos hace presentes en ellas buscando nuestra empatía con los mundos interiores de los sujetos fotografiados, que reconstruye imaginariamente y buscando el placer visual. Igualmente, a pesar de la muchedumbre o la soledad que invade sus espacios públicos, éstos los percibimos a la vez como escenarios cotidianos y teatrales.

Los retratados habitualmente parecen encontrarse en situaciones límite: son transeúntes, vagabundos, profesionales uniformados o gente común. Lorca DiCorcia parte de la observación y la recreación posterior de una escena cotidiana o doméstica, de modo que el modelo se convierte en actor en una escenografía que, sin embargo, es rutinaria. En su método de trabajo se resumen las notas características de su obra: visión directa y comprometida y absoluto control del proceso con la base de una estudiada iluminación casi dramática y de un claro equilibrio compositivo.

Ofrece nuevas visiones del retrato, el fotoperiodismo y las escenas cotidianas y mantiene la herencia de la representación pictórica clásica y de la estética del cine. Aunque sus temas pueden resultar obvios y sus esquemas visuales extremadamente sencillos, el empleo constante del recurso del artificio compositivo desafía el paradigma del instante decisivo.

 

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