Victor I. Stoichita
En el Musée d’Art et D’Histoire de Neuchàtel, está abierta hasta 17 febrero una muestra titulada «Grégoire Müller face à la peinture, 1987-2001».
Es una retrospectiva un tanto especial, puesto que se centra en torno a una personalidad de múltiples facetas, que ejerce al mismo tiempo como pintor, crítico y comisario de exposiciones. Como en el caso de «Sade /Surreal», en la Kunsthaus de Zürich, el visitante tiene que tener los nervios fuertes y un estómago sólido. Aquí no sólo está la historia de lo abyecto, lo que interesa, sino la de lo feo de la vida, y sobretodo, de la vida contemporánea. La pintura de Müller está realizada sobre unos soportes que dejan al descubierto su materialidad, y se ocupa de captar la miseria del mundo en imágenes fuertes Las escenas de guerra no tienen héroes, sino muñecos de carne anónima y los retratos que se presentan en series informatizadas no son «caras», sino «máscaras», intercambiables al infinito. En resumen, una exposición a tono con la «ouverture» apocalíptica del Tercer Milenio.
Grégoire Müller, Wasteland 1990
Grégoire Müller, Portraits
Grégoire Müller, Battery, 1998