Rodin, la figura voladora y el gusto por lo inacabado
Se preguntaba Baudelaire, tras acudir a una exposición, a qué podía deberse el hecho de que la escultura se hubiese convertido, en los últimos años del siglo XIX, en un arte fatigante y anodino, “tan aburrido como el Código Civil”. Consideraba que, olvidando su antigüedad salvaje, esta disciplina se había hecho complementaria y servil y
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