La última gran exposición dedicada en Estados Unidos al arte cubano tuvo lugar en 1944, cuando el MoMA expuso a una selección de “pintores modernos cubanos”. Para ofrecer al público un compendio del desarrollo del arte en las islas en las décadas transcurridas desde entonces, el Walker Art Center de Minneapolis acaba de abrir al público “Adiós Utopia: Dreams and Deceptions in Cuban Art Since 1950”, una exhibición que presta especial atención a la incidencia de la revolución cubana y la dictadura de Castro en la creación del país.
Forman parte de ella un centenar de trabajos, entre pinturas, fotografías, vídeos, dibujos, instalaciones y diseño gráfico, realizados por cincuenta autores y estructuradas atendiendo a momentos fundamentales de la historia reciente cubana ciñéndose, para enraizar las propuestas en lo local, a creadores que no han emigrado, que fueron educados en el sistema educativo impulsado por Castro y que han desarrollado sus carreras a partir de los sesenta.

Kcho. Obras escogidas, 1994
El recorrido de la muestra es cronológico; se exhiben piezas representativas de cada una de las siete décadas que han pasado desde la revolución cubana prestando atención al enfoque de los artistas de su realidad personal en relación con la realidad cubana y encontrando un nexo común entre ellos: la representación de la construcción y el desvanecimiento de la utopía, el apogeo y el ocaso de las ilusiones propias y colectivas. Una fe y un colapso que coincidieron, respectivamente, con el crecimiento de la euforia revolucionaria tras la alianza de Cuba con el bloque soviético y la caída de la URSS en los noventa y el posterior aislamiento económico y social cubano.
El proyecto que ahora toma forma en el Walker Art Center lo inició en 2013 la Fundación Fontanals-Cisneros europea con un equipo de conservadores cubanos y ha contado también con la colaboración del Museo de Bellas Artes de Houston, donde podrá verse más tarde. Las obras expuestas han sido cedidas por más de veinte colecciones de América del Norte, El Caribe y Europa y precisamente Ella Fontanals-Cisneros ha sido una de las principales prestadoras.
Con la exposición han querido desvelarnos la obra de los pintores cubanos menos conocidos internacionalmente de los cincuenta y los sesenta –ese es uno de los puntos fuertes de esta propuesta– y también responder al creciente interés en Estados Unidos por el arte cubano, sobre todo tras la apertura de relaciones en la era Obama.
Aunque cada autor ofrece respuestas personales a los programas sociales y políticos puestos en marcha en Cuba, en conjunto el camino es relativamente claro: si en los cincuenta predomina la abstracción geométrica y en los sesenta y setenta se asistió a un resurgimiento de lo figurativo por influencia del Pop Art, en los ochenta nació un Nuevo Arte Cubano surgido de exploraciones críticas posmodernas y desde entonces los artistas de la isla, en esto no ajenos a corrientes internacionales, han cultivado corrientes y prácticas interdisciplinares y globales.
En lugar de ofrecer un recorrido exhaustivo o un relato totalizador del reciente arte cubano, se ha optado por favorecer el diálogo y el surgimiento de fricciones entre generaciones de obras y por unir a artistas que han trabajado en torno a asuntos comunes.
De la primera sección, La utopía del arte concreto, forman parte obras apenas difundidas pero representativas del breve movimiento constructivista en las islas y trabajos de autores que, como Sandú Darié, se aproximaron más a la modernidad europea que a los principios revolucionarios y en el contexto cubano fueron vistos como versos sueltos.

Sandu Darie. Sin título
En la segunda encontraremos fotografías, esculturas, pinturas e instalaciones que documentan la formación de símbolos nacionales en la Cuba revolucionaria y también su posterior subversión (no faltan los retratos del Che Guevara a cargo de Alberto Korda) y la tercera aborda el impacto artístico de los discursos políticos y la censura y el uso del fotoperiodismo para divulgar una determinada imagen de Fidel y su proyecto (destacan las fotos de Raúl Corrales).
Una cuarta sección subraya la importancia del carácter insular de Cuba en el proceso revolucionario y en el control de sus fronteras a la hora de intentar evitar el exilio masivo, realidad esta sobre la que el arte contemporáneo se ha manifestado con elocuencia -es el caso de las fotos del Malecón de Manuel Piña- y la quinta muestra las limitaciones del arte público cubano para ofrecer al público sus reflexiones sobre la revolución cubana y su crítica política.
Se recuerda cómo, en los noventa, Eduardo Ponjuán y René Francisco abrieron el camino, por su trabajo en colaboración, a nuevas generaciones de artistas conceptuales o volcados en la performance, y se recupera también la serie Oro Seco del fotógrafo Ricardo Elías, cuyas imágenes de la arquitectura abandonada en Cuba, incluyendo esas fábricas azucareras que un día fueron la industria más lucrativa del país, son inolvidables.

Tania Bruguera. Estadística
«Adiós Utopía: Dreams and Deceptions in Cuban art since 1950»
725 Vineland Pl
Minneapolis
Del 11 de noviembre de 2017 al 18 de marzo de 2018