Las fotografías de la artista avilesina Soledad Córdoba se han caracterizado hasta ahora, y lo siguen haciendo, por su alta sensibilidad y por alcanzar carácter narrativo a través de dos vías: la creación en series, en su caso sucesiones de planos que nos sitúan ante procesos de índole poética, y la utilización del propio cuerpo como elemento fundamental de esas narraciones, que también podemos entender como escenificaciones fragmentadas. Los temas más habituales de esos relatos han sido el dolor y el estudio de la identidad, y esos rasgos se mantienen en “Devastación”, el proyecto que desde el 13 de febrero presenta en la Galería Gema Llamazares de Gijón bajo el comisariado de Susana Blas.
Aquí Soledad nos adentra en el naufragio emocional posterior a una ruptura, tomando justamente esa fase inmediata tras el shock, preludio de un resurgimiento personal y de un mayor autoconocimiento, como punto de partida de su proceso creativo. Los ejes temáticos que estructuran la muestra son dos: Hogueras frías y Ojos tatuados; el primero consta de una serie fotográfica, un vídeo y una instalación, donde el humo, que remite a las chimeneas de su Avilés natal, está muy presente, y el segundo se compone de una selección de escritos y dibujos.
Completa la exposición El cuaderno negro, que compila las principales fotos de «Devastación» y dibujos escogidos entre los de las libretas preparatorias de la asturiana y nunca antes vistos, así como escritos de conversaciones de la artista con Susana Blas y con la poeta Alejandra Pizarnik, estas últimas, claro, imaginarias. Los textos de esta autora argentina han inspirado a Soledad Córdoba estos trabajos.
Las fotografías de «Devastación» mantienen el tono lírico y evocador de la obra pasada de Soledad, pero han ganado en dureza, resultan más directas. Según Susana Blas, aun continuando las imágenes evocadoras, oníricas y visionarias de sus anteriores series fotográficas, en Devastación advertimos una mayor crudeza, un salto de estado, un tono de honda autenticidad, reforzada por el proceso de trabajo elegido que ha prescindido del estudio y ha llevado las filmaciones a ruinas y playas inhóspitas, a paisajes abandonados reales, expresivos de los estados de ánimo por los que Soledad ha transitado.
Los dibujos, por su parte, pueden definirse como autorretratos velados, porque el rostro de la fotógrafa se cubre con una suerte de velos que actúan como una segunda piel que a la vez protege y transforma el dolor en un nuevo material: encajes, oro, ramificaciones…
Si algo atrae nuestro mirada en estas obras son precisamente los ojos de los retratos: Soledad los subraya y agranda hasta convertirlos en ventanas del interior; no en vano dicen que son la única parte visible del cerebro. También, según la autora, son un homenaje a la capacidad de crear a través de la atenta observación de todo lo que nos rodea.
- Soledad Córdoba. Devastación IV, 2015
- Soledad Córdoba. Devastación, 2015
- Soledad Córdoba. Velada III, 2015
- Soledad Córdoba. Velada XVI, 2015






